Ya conté por aquí que me había enganchado al blog, apasionante, del arquitecto Andrés Martínez. Este post suyo, que reproduzco hoy, me tiene pensativo hace ya algunas semanas. Habla en él de la calle perfecta; para mí, esta calle perfecta, como el paisaje perfecto, la canción perfecta, la paella perfecta, el poema perfecto y, por qué no, el polvo perfecto, es algo que siempre conjugo en futuro, dando una oportunidad a lo que vendrá. Por eso me ha gustado tanto que Andrés, con Leon Battista Alberti (apasionante figura que no conocía), digan exactamente cómo es la calle perfecta. Copio directamente su post: "L.B. Alberti explicaba que la calle perfecta debía ser curva, con algo de pendiente, flanqueada de edificios de dos o tres plantas, iguales pero diversos (diversidad en el detalle, armonía en el conjunto). Hasta que no se ve... no se cree." He mirado fijamente la foto mucho tiempo; he vuelto a ella varias veces, vuelvo a mirarla y, por un instante, comprendo de qué me están hablando Andrés y Alberti. Hablan