Tras casi 12 horas de vuelo con varias escalas en el medio, Demian arribó al Aeropuerto de Lima. Un hombre junto a un automóvil que elevaba una cartel para hacerlo visible, le indicó que podía tratarse de alguien que lo había ido a buscar, y se acercó? - ?El cartel dice Ferrante Kramer, usted ha venido a buscarme??, indagó el peruano. - ?Sí, es usted Dionisio, Duilio, o Danilo??, requirió el chofer del vehículo? - ?No, soy Demian?, respondió nuestro héroe. Su interlocutor lo miró con desdén, y con un ademán sutil pero efectivo, con el antebrazo sacó al peruano de su línea de visión, entretanto le señalaba con el dedo la parada de autobuses? ?Allá, usted por allá!?. Resignado, y algo ofuscado por el trato descortés del remisero, tras 5 horas de viaje en una carrindanga del demonio, Demian llegó a destino. Era una clásica escribanía. Tocó timbre, y una hermosa peruana le abrió la puerta? ?Kramer, Damián Kramer??, lo interrogó la morocha? ?No, Demian, con ?e? y sin acento, Demian Ferrante Kramer, señorita, y ven