Ultimos Posts 1. 08/05/2013 04:16 - Galgo del ramal prendido Pídeme el mundo, y yo te lo alcanzaré, pídeme la vida, y yo te la regalaré. Mas nunca de tu boca salga, aquello que no puedo hacer, por encima de mi alma, ninguna cosa puede valer. De aquí para allá corro, cual galgo del ramal prendido, can soy de tus deseos rendido, cosa que te produce placer. Cúlpame de todos tus males, Florinda, buena mujer, porque tú nunca sabes, cuanto alcanza... 2. 29/04/2013 05:51 - OxÍmoron: el atronador silencio Nadie creyó a Cristino, al fin, no dejaba de ser un joven soñador cuyas apreciaciones de la realidad podrían variar tanto que se distanciaran, cuando no se apartaran, completamente de ella. El muchacho, a cuantos le preguntaban, como previamente había declarado ante la autoridad, se afirmaba en el suicidio que había presenciado, de cómo aquel hombre, ya anciano, se había lanzado a... 3. 16/04/2013 03:01 - Coscojal de los desamparados Prendido de dos estrellas, un nacimiento del cielo, iluminado de noche, por el fuego de luceros. Este es mi pueblo, en la ladera de un monte, bañado al sur por un río, entre pinos y matojos, al socaire y su albedrio. Unos le llaman despacio, los más a gritos, como si despertarle temprano, cuando la siesta se echa, para que se levante ufano. A mi pueblo voy, para saludar a su... 4. 09/04/2013 04:40 - 20 aÑos despuÉs, el milagro La primera vez que Isigonga vio el mar, exclamó llena de entusiasmo, bajo la atenta mirada de su marido, que no la dejaba de contemplar admirado y enamorado: - Nada puede haber en la naturaleza que pueda compararse. El rítmico sonar de las olas, con su eterno vaivén que ahora al fin puedo contemplar, solo es comparable con el sístole y el diástole del corazón que permite la vida en... 5. 01/04/2013 09:48 - TÚ, estabas conmigo Cuando desoíste mis pequeñas súplicas, al romper con la blancura total mis sueños, desgarrando las cien túnicas del alma, al desposeerme de lo que creí siempre mío. ¡Señor!, ¿estás aquí? Cuando dejaste de ser bello en el sol, poniendo nubes en mis sombras, al sentir desgajado mi espíritu del cuerpo, dejando la mirada en el silencio. ¡Señor!, ¿estás ahí? Cuando perdiste mi voz en mi... |